La palabra tianguis proviene del náhuatl tianquiztli o tianquixtli ; en la época prehispánica hacía referencia a los mercados que se instalaban en algunas plazas de los pueblos prehispánicos con cierta regularidad. Hoy en día, el vocablo refiere un tipo de mercado móvil que ofrece productos al aire libre en distintas colonias de la ciudad. Se trata de una actividad comercial que ha sido catalogada dentro de la economía informal por tratarse de transacciones que no se ajustan a las reglas mercantiles establecidas por el Estado en su calidad de supervisor de la economía. No obstante esto, el comercio en las calles se desarrolla “libremente” y en ocasiones, hasta cuenta con el respaldo de organizaciones políticas.
En México, el comercio al aire libre tiene una larga tradición. A saber, tanto Hernán Cortés--- en sus Cartas de Relación---, como Bernal Díaz del Castillo--- en sus Crónicas---, relatan experiencias que les impresionaron por el tipo de comercio que se ofrecía en el tianguis azteca. Ahora, el tianguis contemporáneo tiene poco que ver con el prehispánico; de hecho, éste ha sufrido múltiples cambios y, quizás, como lo veremos más adelante, uno de los más significativos que se haya presentado tiene que ver con el tipo de productos que se transfieren y en la forma en que los comerciantes se abastecen de ellos.
El tianguis contemporáneo tiene su origen en los años setentas. El Gobierno de Luis Echeverría Álvarez cambió por completo la antigua política del Jefe del Departamento del Distrito Federal, Ernesto Uruchurtu, que durante su administración se había empeñado en transformar la ciudad y mantener en orden el comercio urbano, y que para tal fin había impulsado la construcción de mercados públicos en predios perfectamente establecidos en todos los rumbos de la ciudad. Contrario a esto, el Gobierno de Luis Echeverría, durante su sexenio, permitió que los comerciantes tomaran las calles con los llamados “mercados sobre ruedas”, buscando en un primer momento acabar con los intermediarios y ofrecer productos a bajo precio a la población. En un inicio, se trataba de distribuidores de productos al menudeo, principalmente de abastos, aunque también se desarrolla aquí mismo venta de zapatos, ropa, juguetes, entre otros; en su gran mayoría se trataba de productos nacionales ya que en esos momentos el Gobierno mantenía una política de puertas cerradas al comercio exterior.1
Lo que comenzó como un comercio importante que distribuía más bien productos de tipo alimenticio o de consumo diario, que se realizaba por tradición en las calles y que coexistía en forma marginal con el comercio establecido o formal, con el tiempo se transformó en un fenómeno en crecimiento, que se fue apoderando semana tras semana de diversas calles de la ciudad, llevando al consumidor ya no sólo los productos a los cuales estaban acostumbrados, sino otro tipo de productos, muy distintos a aquellos que caracterizaron al comercio de los primeros tianguis de la ciudad, que durante sus primeros años se caracterizaba más por ser una suerte de extensión de la Central de Abastos de la ciudad.
En los tianguis de hoy en día, además del comercio tradicional de abastos y artículos de manufactura nacional, se desarrolla un comercio de artículos que son catalogados como “gabachos”2, tanto por los vendedores como por los consumidores, se trata de prendas para todas las edades, tenis y juguetes, que ingresan al país de forma legal o por medio del contrabando. Este tipo de mercancía es mejor conocida como “ropa de paca”, por la forma en que viene empacada. Son productos “símbolos del consumo global” o “iconos de la mundialización” (como ropa y tenis de marcas como Hollister, Aéropostael, Nike, Levis, Reebok, Tommy Hilfiger, Hugo Boss, Adidas, American Eagle, Gap, Old Navy, Banana Republic, Abercrombie, Liz Claiborne, Guess, Polo, Zara, Nautica, etc.), que hasta hace poco, debido la apertura económica de los últimos gobiernos, sólo se podían conseguir en las boutiques de los grandes tiendas y centros comerciales y que en ocasiones en las calles de la ciudad sólo se podían conseguir en su versión pirata.
A diferencia de la piratería ropa en México, el fenómeno que describimos no tiene nada que ver con eso, el comercio de ropa pirata básicamente consiste en hacer copias baratas de los diversos artículos de las grandes marcas; en cambio, el comercio de “ropa de paca”, consiste en la venta de productos completamente originales, tanto nuevos como de segunda mano o usados, que quedad en desuso en los países del primer mundo y que se comercializan en los tianguis de los países del tercer mundo .
El comercio de este tipo de productos en los tianguis está siendo señalado por las autoridades como los causantes de la crisis más severa que afecta a la industria textil del país. Los empresarios de este ramo se quejan de que “el contrabando ha generado una economía informal a nivel nacional, la cual ha venido a creado problemas a la industria textil, pues obliga al cierre de empresas y afecta a varios sectores… pero especialmente el textil, en donde se siguen perdiendo empleos”. Asimismo, se puede observar en los mismo informes de las autoridades que este tipo de actividad está en crecimiento y que actualmente tiene acaparado casi 60 por ciento del consumo de prendas en México, lo que deja ganancias aproximadas por 9.4 millones de dólares al año. 3
Las cifras que dan las autoridades parecería exageradas, pero hoy en día en cualquier tianguis de la ciudad se pueden encontrar una buena cantidad de puestos que ofrecen prendas y artículos americanos. Anteriormente este tipo de productos se buscaban en espacios localizados como Tepito, donde los ciudadanos acudían a comprar “fayuca”, sobre todo en las décadas de los setenta y principios de los ochentas, cuando todavía no se presentaba la apertura económica en el país. En Tepito se vendían artículos que eran importados de manera ilegal altamente apreciados por los consumidores porque no se les encontraba en el mercado nacional tan fácilmente. Hasta la fecha, el comercio de artículos “gabachos” en Tepito sigue existiendo, aunque su presencia en el comercio de artículos importados ha pasado a ser relativamente marginal.
De tal manera, a lo largo de estas dos últimas décadas y como producto del impacto que ha tenido la Globalización con la apertura de fronteras al comercio exterior, los tianguis de la ciudad de México se han tenido que adaptar a la importación masiva productos del primer mundo para su sobrevivencia. De esta manera, observamos que esta apertura económica ha generado que los productos que se importan a nuestro país no sólo son nuevos e ingresan al país por la vía legal para ser distribuidos en los grandes centros comerciales a los que tienen acceso de compra únicamente los niveles socioeconómico altos; sino que a la par están ingresando al país, por la vía legal o por medio del contrabando, artículos nuevos o de segunda mano, producidos por los grandes consorcios que imponen el consumo a nivel global para ponerlos al alcance de los sectores populares en los diferentes tianguis del tercer mundo. Todo esto se trata de una estrategia que al mismo tiempo que homogeniza los gustos, evita pérdidas millonarias a la industria de la moda al comercializar en el tercer mundo todos aquellos productos que desechan los consumidores del primer mundo. Es de esta manera que en los diferentes tianguis de la ciudad de México se escucha semana tras semana el grito de los comerciantes que buscan llamara la atención: “…ropa gabacha, ropa barata, de los tendederos de New York…”4
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